miércoles, 30 de mayo de 2012

Diecinueve

Nunca me embaracé. Siempre soñé con una hija, una hija con el amor de mi vida. Ella hermosa, de bucles castaños y ojos grandes y acaramelados como los míos... No debía de imaginarlo así.
No debía de quererte, y sin embargo te amo más que a nadie en esta vida. Aunque no existas, aunque no pueda besarte ni abrazarte, porque no tienes alma, no tienes cuerpo, no existes.


Me ahogo en lágrimas invisibles, porque esta madrugada no tengo planeado llorar. Sin embargo me ahogo, escuchando a Sabina y drogándome un poco con este frío, después de aquella euforia de hace unas horas. Y porque una casa sin ti es una oficina, porque no sabré lo que es un hogar, porque quizás ya no te vuelva a tener en mi plan, porque no hay nombre ni hombre que te haga vivir. Pero dos no es igual que uno más uno, y el lunes al café del desayuno vuelve la guerra fría. Y al cielo de tu boca, el purgatorio. 
Porque me robaron el mes de abril y ya no vivo desde que dejé de vivir. Soy ese piloto automático de la película de Adam Sandler, ese piloto automático de Harry Potter y el Prisionero de Azcabán. Porque me envenenan los besos que voy dando, y sin embargo cuando duermo sin ti contigo sueño.


Diecinueve años, diecinueve días, diecinueve meses, diecinueve segundos, diecinueve minutos, diecinueve siglos. Diecinueve horas. Diecinueve, diecinueve, diecinueve. Siete. Doce. Seis. Números, números, más números. Capicúa, diecinueves, nueves, onces. Enloquezco, enloquezco porque no hay alma que venga a visitarme de madrugada, porque en un tiempo ya no habrá nadie que me rasque la espalda al dormir. Enloquezco. Diecinueve, treinta, cinco, doce, tres, treinta, siete. Me convierto en esas personas que guardan los meses en el mismo cajón donde guardan el corazón. De esas que no quieren amores civilizados, con recibos ni escenas en el sofá. De esas que no quieren contigo ni sin ti, ni que elijan mi shampoo. Pero ya no quiero que mueran por mí, ni matarme contigo si te mueres. Porque después de diecinueve y siete y treintas, y tres, ya no existe nada.


Bañar, preparar pasta, tomar gaseosa en lugar de vino, tocar guitarra, arropar, rascarle la cabeza hasta que se duerma, rezar antes de dormir, usar zapatillas en vez de tacos, escribir mucho, componer más, cantar, cantarle, un mes, dos meses, un año, colegio, universidad, nietos. Y esta vida es tan corta, y no basta para nuestro idilio. 


Dieciseis, veinte, diecinueve. Diecinueve. Números, ojos viendo en las sombras, sustos, manos sudando frío, mareos, escalofríos, ira, lágrimas contenidas, felicidad, tristeza. Capicúa. Diecinueve.


¿Dónde estás? No concibo la idea de que no existas, y de que probablemente nunca llegues a existir. De que ya no te conozca y nunca te vuelva a conocer, más que en mi mente y mis sueños. Porque aún creo en cuentos, porque aún creo en Dios, porque aún creo en el destino... pero mejor aún: aún creo en mí, en el amor, y en la esperanza de vivir una vida mejor. 


Porque así debe ser, entonces recuerde el alma dormida, avive el ceso y despierte contemplando, cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando. Porque cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor. 


Esas incontenibles ganas de explotar e inundar tu habitación, tu departamento, tu edificio y quizás tu ciudad. De hacer guerra y destruir a todos los que quisieron destruirte. De profesar paz, y perdonar a todos lo que alguna vez te hicieron daño. De ser irónica y seguir viviendo de contradicciones, porque eso te hace especial. Esas insaciables ganas de romperte la cabeza contra ese muro en el que algún maleante pintó que la vida era dura, que no sabías vivir. Esas enormes ganas de reventarle la cabeza a aquel que te prometió que valía la pena vivir, y aún no le encuentras el sentido; pero a la misma vez, de agradecerle, por brindarte un gramo de esperanza, porque ya te faltaba algo así.


Diecinueve, hoy no es diecinueve. Espero que nunca llegue. Espero que no esperes que espere que entienda. Espero que sea mentira que no existe, que no hay alma y no hay vida. Espero que puedas existir. Porque pues si vemos lo presente, cómo en un punto se es ido y acabado; si juzgamos sabiamente daremos lo no venido por pasado. No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera, más que duró lo que vio porque todo ha de pasar por tal manera. Nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar, que es el morir.


Y este es el fin, el fin lo fue ya antes, antes. Qué bonito, qué feo, qué triste es el número diecinueve.
Así, con tal entender, todos sentidos humanos conservados, cercado de su mujer y de sus hijos y hermanos y criados, dio el alma a quién se la dio (en cual la dio en el cielo en su gloria), que aunque la vida perdió, dejónos harto consuelo, su memoria. 



Y llegará el momento, juro que llegará el momento, en el que pueda volver a conocerte. Así tenga que dormir eternamente y vivir en mis sueños, y sea ahí donde te vea. Juro que te encontraré, en cuerpo y alma, juntos.


Diecinueve del mes no habido, del año infinito.
En Un Paraíso Aparte, aquel mi mundo paralelo.



jueves, 17 de mayo de 2012

Mist



¿Alguna vez mencioné que amo el frío? Y más que el frío, amo la neblina. Esa, digamos "ventaja", que tengo de vivir en Miraflores es que cada invierno es tétrico, gris, y sobre todo, lleno de neblina. Y me encanta.
Hace tiempo dejé de ser una chica que inventaba historias, para pasar a hablar de mí misma. Egocéntricamente, o quizás en un escaseo de imaginación brutal. De cualquier forma, siempre he tenido algo que decir.
Escuchando una canción que dice más o menos So baby surrender to me tonight, sintiéndome sensible e insensible at the same time, odiándome por mezclar español con inglés, y quitándome un poco de ropa para disfrutar un poquito más de este frío que amenaza con quedarse en Lima. 


Hoy todo es muy extraño, muy raro, muy fuera de la rutina normal a la que hace poco más de seis meses me he acostumbrado. Hoy algo parece cambiar, pero aún no he logrado descubrir qué.
No es ninguna novedad que mis ojos humedezcan al escribir, no es novedad que derrame lágrimas de vez en cuando, por no decir unas cuantas veces por semana. Pero hoy siento todo muy extraño, hoy me falta algo, algo, algo...
I want have control, I want a perfect body, I want a perfect soul. I want to you notice me when I'm not around. You so fucking special, I wish I was special. But I'm a creep, I'm a weirdo, what the hell am I doing here? I don't belong here.
Una vez más Radiohead destruye mis oídos y mi alma, y me hace querer desaparecer, desvanecerme entre esta hermosa neblina, y volar, e ir a algún lugar que nunca conocí, que nunca existió...


Es extraño, siento el deber de escribir sobre cada canción que suena randomly en mi iTunes. You left me with nothing but the desire to overcome. This gaping wound from where you stole my vital organ. Este sentimiento de de desamor tan insólito como aquel que logré sentir hace unos cuantos meses. Esta incógnita que no logro descifrar, porque ya no amo a nadie, porque mi corazón se ha secado, al igual que mi imaginación para escribir historias nuevas. If I had just one more day, I would tell you how much that I've missed you since you've been away. Christina Aguilera, describiendo cómo me siento desde que murió mi abuelo, desde que murió todo, desde que morí yo.


A veces me hecho de menos... Hoy me hecho de menos. Tanto, tantísimo. Así como solía describir mi amor hace un año "tanto, tantísimo", y hoy no es nada, hoy no hay nada, hoy no tengo sentimiento bueno alguno. Hoy soy un alma distinta en el cuerpo de lo que un día fui. ¿Tan trágica? Pues algunas virtudes se han quedado en mí, como mi facilidad para dramatizar y exagerar las cosas.
Aún no me he dado cuenta de nada, aún no tengo claro absolutamente nada. Nada aparte de que amo la neblina más que un atardecer de verano.


Este romanticismo ajeno a mi situación actual, estas ganas de estar enamorada y no poder. Este sentimiento de esperanza, de creer que podré enamorarme. De tener fe, de dar oportunidad a un nuevo romance, aún así a estas alturas del partido, y con el juego a la mitad, ya esté cansada y tenga miedo de seguir jugando. Estoy fuera de cancha, a mi corta edad.


Me quedo en short y un bvd pequeño, con la ventana abierta, esperando que el frío logre traspasar mis huesos. Pero lo único que consigue es que se me ponga la piel de gallina, y que quizás quiera desaparecer un poquito más hoy.
Con el cabello ondulado después de tiempo, con ganas de salir a tomar fotos, a que el mundo pueda apreciar lo que yo aprecio, a ver la vida de la manera que yo la veo... Ya estaríamos muertos todos.
Hace frío, y recuerdo mi recuerdo del recuerdo que nunca recordé. Aquí, justo aquí.


Ganas de no haber nacido nunca, de no saber lo que es vivir, de no existir, de dejar de dramatizar por un día, de dejar de no prestarle atención a las cosas, y de por fin tomar una decisión firme en mi vida y salir adelante. Ganas de que no existan ni las mujeres ni los hombres, de que no existan los sentimientos, ni las amistades, ni las familias, ni los hijos, ni las relaciones. Ganas de que el mundo no sea mundo. Ganas de estar muerta ya, de haber hecho lo correcto en mi vida, y estar en el Paraíso que hoy por hoy no merezco.


Todo eso me produjo salir hoy 5 minutos bajo la neblina de Miraflores. Y qué neblina. Qué rico.



jueves, 10 de mayo de 2012

Primer día de frío

Frío. Esta mañana Lima amaneció gris, y con ella, mis ganas de analizar todo nuevamente. Qué hermoso es el clima frío.
Caminaba, caminaba y caminaba con una camisa manga larga y zapatillas de colores. Mi alma dormía plácidamente mientras que mi mente y cuerpo se esforzaban en reaccionar y poder caminar naturalmente, sin que nadie notase que esta mañana no llevaba el alma puesta, y que mi mirada implicaba más vacío que otra cosa.
Hace dos días falleció el padre de una compañera de mi último grado de secundaria. Ay la muerte, ya sabía que a partir de este año cosas catastróficas se vendrían. Y el que piense que la muerte no es un acto catastrófico no se llevará bien conmigo, pues para mí perder a alguien es el dolor más extremo que un ser humano puede sentir. Claro, eso es lo que pienso yo, y probablemente muchos compartan este sentimiento.
Continúo caminando, sintiendo el frío traspasar esa camisa que hace dos meses me hubiese hecho sudar.
Angustia, siento que mi alma regresa sin avisarme y sólo trae lo peor de ella consigo. Dolor, pena, angustia.
Cuando iba caminando en camino al paradero de bus, vi un anciano de mirada triste. Tengo una ligera obsesión con los ancianos, siento que tienen tanto por contar, tanto por enseñarme. Esos ancianos que te miran y sientes que saben toda tu vida, saben que sabes que saben. 
Una mujer embarazada completamente sonriente. Cuando una vida empieza, otra se va acabando. Personas felices, personas tristes, personas muriendo, personas naciendo. Personas, mundanos, humanos. Y yo. Yo, fiel espectadora de aquel espectáculo que era la vida, sintiéndome nada, sintiéndome sin vida. Observando todo.
Una niña de aproximadamente 4 años, dos colitas con bucles, cabello oscuro y ojos grandes y claros. Yo, igualita a  mi de pequeña. Feliz, toda una vida por vivir, una madre feliz de verla crecer, de educarla, de creer que su hija será la mejor de todas. Y yo, viendo desde el fondo de mis ojos, como si observara todo desde un telescopio, intentando descubrir qué era la vida humana.
Incapaz de razonar, sintiéndome un perro que ve a la gente a su alrededor, quiere hacerse a entender, se desespera porque lo entiendan, porque jueguen con él. Pero no lo entienden, lo ignoran. Algo así.


Caminar, recordarme hace un año atrás, disfrutando placenteramente de la vida y sus regalos. De la vida y sus besos, de la vida y sus cafecitos calientes, de la vida y sus abrazos al dormir, de la vida y sus bendiciones, de la vida y sus temores, de la vida y sus sentidos. Hoy, caminando disfrutando del frío, sin sentir, sin vivir, sin soñar. Yo, sólo yo escondida bajo unas sábanas que no podía lograrme quitar. Sin ver nada, sin anhelar nada. Simplemente observando, observando una y mil veces. Y no lograba comprender la felicidad de las personas, la tristeza, la amargura. ¿Para qué vivimos? ¿Qué clase de juego juegan Dios y satanás hoy por hoy con nosotras?
Ansiaba con todas las ganas estar viva el día del fin del mundo, y finalmente lograr comprender algo. Poder comprender el por qué de tanta gente simple y mediocre, que vive por vivir. El por qué de tanta gente sufriendo cuando no debería. El por qué de tanta felicidad, si después vendrá el dolor. Porque hoy, sólo sé, que la raza humana, más que envidia, me da pena.

sábado, 17 de marzo de 2012

Sentimientos previos a decir ya basta

- ¡Él solía ser mío! - Le dije con lágrimas en los ojos, e imágenes en la cabeza.
- Ya no es, tienes una vida para enamorarte mil veces, en serio, no te gastes ahorita. - Decía ella tratando de hacerme entrar en esa semi-cordura naturalmente mía nuevamente.
- ¡No quiero, no quiero nada! - Dije empezando a hacer aquel berrinche característico de mi tan idiota personalidad.
- Le das mucha importancia, él sabe que te tiene ahí.
- No, yo no quiero nada con él. Puto.
- Entonces, ¿qué te jode? Aún te manda a la mierda lo que él hace o no.
- ¡Que me supere tan rápido!
- Así son. Así lo harás también con otra persona. No significa nada.
- Así no es... Así no tiene que ser... - dije casi susurrando.
- No es justo, lo sé, pero así también pasa.
- Es una mierda.
- No te quedes pensando en por qué las personas son así, porque todas somos distintas. Hay que aceptar no más eso, y esperar a que haya sido con buena fe todo.
- Me quiero morir. - Otra frase típica mía, ahora entiendo por qué la gente se desespera tanto conmigo.
- No seas cojuda, es una persona, no se acaba el mundo.
- Han pasado cuatro meses, pero recién me da tanta cólera. Antes me daba tristeza y pena.
- ¡Ufff! - exclamó, con esa cara de "aún no sabes lo que viene" - falta mucho. Pero, ¿ves? Vas avanzando, así es el desarrollo. Te vas a cansar. La gente se cansa de sentirse mal.
- Tengo miedo...
- Luego se cansa de estar enojado, se cansa de esperar, se cansa hasta de querer sin nada a cambio. Eso es lo bueno de las personas. Al final, no soportamos mucho algo si es que no cambia.


"La gente se cansa de sentirse mal, la gente se cansa de sentirse mal"... sus palabras resonaban una y otra vez en mi cerebro con escasas neuronas, ya que es sábado y los sábados yo no pienso.
¿Por qué nunca me he cansado? Y las pocas veces que me canso, me dejo de cansar poco porque a veces me gusta llorar. Pero no, ya no me gusta llorar, ni sentirme mal. Me he cansado de sentirme mal, pero no siento esas fuerzas para salir de esta. ¿Por qué me jodía tanto lo que él hacía o dejaba de hacer? Si yo, hasta las lágrimas, me autoconvencí de que yo ya no sentía nada por él, que él no era él y que por ende era un pasado sin presente, un pasado inexistente porque él ya no era más que una réplica exacta de lo que un día fue. Una mierda es ahora, una mierda mi situación, una mierda esta cólera que me hace querer ahorcarlo a él, a él y a sus putas de mierda, que seguramente no son putas, pero como buena ex, todas las mujeres que le hablan son putas. ¡PUTAS, PUTAS EVERYWHERE! 
Y por otro lado, ellas, ellas que siempre me joden la cabeza y me joden el cerebro. Ellas, ellas, ellas maldita sea, ellas. Ellas y mis enormes ganas de salir de la monotonía y hacerle caso a mis más bajos instintos. Pero no puedo, no debo, porque al final todas están locas.
No quiero, no quiero un carajo, quiero poder olvidarme de esta mierda llamada sentimientos, pero ¿sabes qué? No puedo. No puedo por el simple hecho que acá mi compadre Diosito, está muy ocupado como para tomarle atención a unos sentimientos destructivos de mierda, porque Él cree que de estas me salgo sola. Porque es mentira, porque nunca pude sola. Porque es mentira que es mentira, porque siempre pude, siempre lo intenté, mas aún no lo he logrado.


¿Entonces? ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con qué? ¿De qué? ¿Nunca? ¿Algún día? ¿Ahora? ¿Mañana? ¿Ayer?  ¿Quién? ¿Tú? ¿Yo? ¿Nadie? ¿Nada? 


Entonces estos se llaman sentimientos previos a decir ya basta, estos se llaman sentimientos previos al cansancio, al hartazgo, y a mandar todo a la mierda y por fin decidirme a ser feliz y cerrar ese capítulo tan dramático, ficticio, irrealmente verdadero, triste, colérico, alegre, y dramático de nuevo, de mi vida.


Acá, veo a mis hermanas jugando a mi alrededor, mientras yo me hundo en el sofá de cuero con la laptop a escribir, llena de cólera, llena de impotencia, llena de ganas, llena de nada y llena de todo. Y mis hermanas juegan en sus vestidos de tul, como yo cuando era pequeña. A ellas no les interesa nada más que yo les invite helado, y las haga girar hasta que lloren y luego me digan: ¡Luciana, vueltas de nuevo, porfis!, y yo les diga que ya estoy vieja, que me duele la espalda y que ya no estoy para esos achaques, y ellas me pongan esos ojitos que yo le ponía a mi ex cuando me decía que no me compraría caramelos de sandía, y él me decía: Ok, Lu, vamos ahora a comprar, entonces les digo que ya, que la última, y salgo de mi concentración total para darles vueltas, marearme, sentarme y seguir escribiendo, hasta las próximas últimas vueltas, que se aburran y se vayan a jugar con su laptop de mentira, o me pidan la mía para jugar con su castillo de la Barbie y montar en su caballo blanco de cola rubia. Yo a su edad jugaba con tasitas de té de porcelana en miniatura, y con comida invisible... Cómo cambian los tiempos, y ahora tengo 23 años y estoy jodida, completamente jodida.


Espero escribir nuevamente algo con un título como: Ya dije basta, y ahora soy feliz. Pero me conozco como si fuese una Acuariana de vocación, inestable y sensible hasta por las huevas. 
Hora de cerrar la laptop e irle a comprar helados a mis hermanas, que ya me jodieron la paciencia.



- Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia-
Gracias a Mer. R. , por aguantarme.

lunes, 20 de febrero de 2012

La otra realidad

Hace un par de días, en un bus interprovincial, iba observando a dos señoras que cargaban en su espalda a dos bebés. Peruanas, autóctonas de alguna parte escondida de la sierra, con rostros sonrientes y miradas tristes y sorprendidas, al verme usar mi nuevo celular con televisión. Hablaban entre ellas de lo triste que estaban por la madre de una de ellas, a la cual le habían dicho que sólo tendría 6 meses más de vida. Yo escuchaba, evitando llorar. Estaba sensible en esos días, pues ya llevaba una semana alejada de todo y de todos, viajando y conociendo, y ese mismo día me regresaría a Arequipa, para luego tomar otro bus hacia esa Lima gris que tan poco extrañé.
   - En allá le han dicho a la Juanita que ya no le diga nada a mi mamá. Mi mamá no sabe que va a vivir poco, pero igual llora. Yo también le lloro a veces, mi hermana también llora harto.
   - Si pues, la vida es bien injusta. Toma ponte esta colcha siempre lo llevo pa' viajar, porque siempre me hace frío y con esto bien calentita me voy.

Yo escuchaba atentamente, mientras miraba aquel paisaje tan atractivo para mí, pero tan pobre y tan triste para los habitantes de aquella ciudad cerca a Puno.
Era extraño para mí escuchar a personas hablar de esa manera, ya que estaba usualmente acostumbrada a aquel "Osea, ¿manyas?" tan típico de Lima. Y por otro lado, me sentía inmensamente triste y sola, en un bus camino a Arequipa, una ciudad donde no conocía a nadie y nadie me conocía, donde podría morir y nadie se enteraría. Sí, soy un poco dramática a veces.

   - Yo le rezo mucho a Jesús y a la Virgen por mi mamasita, siempre le rezamos con mi hermana también.

Nunca fui una persona muy religiosa, sin embargo creo en Dios. Pero más allá de eso, siempre me ha sorprendido la fe de las personas más pobres. Esa fe que tienen en Dios, la virgen y los santos, esa fe que más que fe es ya una obsesión. Es como ese cinturón de seguridad en la turbulencia de un avión en el que, probablemente, jamás se subirán.
Y no es que sea racista, es que es simplemente una verdad a medias, según porcentajes.
El punto era que, a pesar de creer en Dios, esa fe que tenían esas dos señoras me parecía ya una exageración y un fanatismo; y a la misma vez tenía un poco de envidia, porque ellas en su inocencia, pensaban que Dios resolvería todos sus problemas... Cómo quisiera tener esa fe, esa que según decían en una Iglesia a la que yo iba, "mueve montañas".
Continuaba sumergiéndome en mis pensamientos y recuerdos, entre esas películas mentales que iban pasando  mientras veía ese hermoso paisaje, pues tenía el "mejor" asiento en aquel bus. Pensaba en todos los hombres que pasaron por mi vida, de todos, los únicos significativos fueron dos, y de esos dos, el único que valió la pena fue uno. Pensaba en mi madre, en mi padre, en mi abuelo y mi abuela, y un poco en mis hermanos. Pensaba en lo afortunada que fui, soy, y ojalá, siga siendo. Nunca me faltó nada: ni dinero, ni amor, ni amigas, ni familia. Tal vez me faltó amarme más, y darme cuenta de lo suertuda que era. Y en ese preciso momento, me estaba dando cuenta de todo lo que había perdido en el camino a darme cuenta y reaccionar, de todas las personas que habían pasado por mi vida, de las que se habían  quedado, de las que se habían ido, de las que estaban lejos, de las que habían muerto. Y contenía ese nudo en la garganta que me hacía doler, porque no quería que me vieran llorar. No en ese bus, no esa gente, no podía sentirme menos.

Mientras navegaba en las profundidades de los recuerdos de aquellas Islas Ballestas del 2011, escuchaba a una de esas señoras hablar con su bebé. "Agú, agú, no llolle, agú, coshita, no llolle, ¿ya?" ¡¿Por qué tienen que hablar de esa manera?! Son bebés, no tienen ninguna clase de retraso mental, y aún así lo tuviesen, no tendrían por qué desgraciar el lenguaje de esa manera. Y no es algo que sólo usen las personas de esa ciudad, es un lenguaje que TODOS hablan cuando sienten la presencia de un menor de 18 meses. Es ilógico, aunque admito haberle hablado así alguna vez a Luna, mi perrita.

A lo largo de las ocho horas que duraba en camino de Puno hacia Arequipa, me tomé la molestia de pensar en todas esas cosas que esa gente no tenía, y que para mí eran indispensables. Como por ejemplo mi laptop con Internet, ir a la playa en verano, que mis papás me den dinero semanalmente (sea poco o sea mucho, no importa), tener un refrigerador lleno de comida, tener educación, padres con trabajo seguro...  Esa realidad en la que yo creía vivir, era totalmente distinta allí, totalmente distinta para esas personas. Y no sólo en Puno, hay tanta gente en Lima que no tiene ni agua potable. Y yo aquí, quejándome de que el agua sale muy caliente de mi ducha. Ellos, sobreviviendo con quién sabe, 3 soles (1 dólar) en un día; y yo aquí, quejándome de que no hay el sabor de helado que quería.
¿Crees que la vida es injusta? A veces creo que sí, sin embargo pienso y pienso y me doy cuenta de que muchas de estas personas viven encerradas en "no puedos" y "quisiera", que no se dan ese tiempo para decidirse a hacer algo por cambiar su situación.

Las realidades en Perú son muy distintas dependiendo de cada lugar. Hay lugares ricos, lugares medios y lugares en extrema pobreza. ¿Y qué hago yo para ayudar? Escribo en mi blog. Porque nadie se ayuda más que uno mismo, y aunque muchas veces me de pena, pena es lo que menos debo tener. Un deseo de superación lo puede todo...

Y así llegué a Arequipa, con los pies y manos congelados, porque nadie me dijo que era mejor llevar una colcha para tener un viaje más cómodo y calentito. Son cosas del orinoco, que tú no sabes, ni yo tampoco (frase de mi madre).

martes, 3 de enero de 2012

I

Se derrumbó bajo el agua la ducha, bajo un chorro de agua helada que no lograba despejar sus ideas. Y lloró, lloró y siguió llorando, intentando evitar sus instintos suicidas, intentando no hacerle caso a esas voces que le susurraban en lenguas extrañas que se corte. Y seguía llorando, vestida y completamente empapada bajo una ducha de agua helada.
Tanto tiempo, tantos días fingiendo estar bien, repitiéndose "ya, todo va a pasar, todo va a estar bien, todo obra para bien, las cosas pasan por algo, tranquila", tantos días de engaños, tantos días de intentar ocultar esas inmensas ganas de desaparecer. Ya sabía, ya sabía desde el primer día que empezó a mentirse, que el día que sucediese algo, por más mínimo que fuera, se destruiría completamente. Ya sabía de antemano que la caída sería profunda, sin embargo decidió estar "bien" por unos cuantos días.
Así es como ahí estaba derrumbada y devastada por un dolor que había cargado tantos días, tantas semanas, tantos meses. En un país que ya no conocía, a pesar de haber vivido ahí toda su vida. Llorando, llorando, gritando porque nadie jamás la volvería a escuchar. Ya no eran gritos, eran alaridos, como si alguien le estuviese abriendo al piel lentamente, como si estuviesen mutilándola, un dolor tan agudo y agresivo que de no ser por su eterna búsqueda, la hubiese matado.
Arrastrándose, salió de la ducha. Sin poder ponerse en pie fue avanzando y dejando mojado el piso del departamento de su madre, que ahora era suyo. Una nota en red social: Adiós mundo. El teléfono que no dejaba de sonar. Se puso en pie, y abrió el cajón suicida y sacó una navaja nueva. Ni se tomó la molestia de desinfectarla.
Y lloró, y lloró, y lloró, tirada en el suelo. No le quedaba nada, porque la vida le había quitado todo. No le quedaba nada porque lo poco que le quedaba de vida, ella lo había destruido. No le quedaba nada porque quizás lo tenía todo.
Deslizó delicadamente la navaja por su brazo, sin lograr que esta lograra cortar. Vaciló. Observó detenidamente ese artefacto. Se lo vendieron en una librería, sin siquiera pensar que sería usado para ver sangre correr, para sentirse viva y poder morir. La gente ignora muchas cosas, se encierra en sus burbujas de normalidad, omite hechos que no le gustan, sólo para vivir engañados. Y al final de sus vidas, se preguntarán, ¿qué tanto he vivido? Y se arrepentirán de no haber sentido al máximo, de haber ignorado a chicas comprando navajas, de no haber ayudado...
Las lágrimas no dejaban de escurrir su colorado rostro, y llegaban al abismo del suelo, goteando por su mentón. Sufría, sufría porque sabía que a pesar de estar muerta, de decirse y llamarse muerta en vida, no estaba muerta. Si estuviese muerta no sufriría, no lloraría, no amaría, no se destruiría tanto. Se moría de sed, sentía la lengua totalmente seca y le costaba tragar saliva. Sentía que el suelo era arena movediza, y que se hundía en las profundidades de un infierno sin fin. Sabía que si se mataba no llegaría al Cielo, que no vería nunca más a las personas que un día amó, y que en algún momento del pasado, también la amaron. ¿Por qué siempre ella intentaba buscar a Dios en esos momentos? La mayoría de chicas suicidas no lo hacen, ni siquiera creen en Él. Pero de todas maneras, lo buscó, le gritó dónde mierda estaba, pero no apareció, no lo encontró, no lo sintió. Y ahí estaba pues, tirada en el suelo con la navaja en la mano derecha, empapada y agitada, llorando como hacía mucho tiempo no lloraba, con esa impotencia de no querer vivir más.
Cuando sus oídos pudieron escuchar, notó 8 llamadas perdidas en el celular y 2 mensajes de texto. Uno de los mensajes de texto decía "Busca a Dios, él nunca te va a fallar", y el segundo decía "Encuentra por quién seguir adelante, vales mucho". Dejó de llorar un segundo al leer los mensajes, eran de dos personas diferentes, personas con las que jamás hablaba. Dejó de llorar y observó el celular como si nunca hubiese visto uno, con una cara de no comprender lo que estaba sucediendo. Se quedó observándolo por un minuto, observando sin mirar realmente. Explotó en llanto, tiró el celular, y se echó en el piso en posición fetal, doliéndole el alma y los huesos, pues había bajado de peso en esa última semana sin comer.
Al verse patética tirada en el suelo, se levantó, y a pasos torpes fue como trompo golpeándose con cada cosa que pasaba, con la navaja en mano, en dirección a su cama. No llegó a subirse, no tenía las fuerzas, así que se sentó con la espalda en las patas de la cama, sin dejar de botar agua por los ojos, que estaban tan hinchados que a penas y podía parpadear bien.
Toser, comenzó a toser y sentía que la bilis se le salía por la boca. Sí, llorar tanto que te dan ganas de vomitar. Vomitó al lado de su cama, porque no tuvo fuerzas de levantarse para llegar al baño. Ácido, amarillo, amargo, verde, triste, rojo, sangre. Lloró más al ver la sangre, al verse tan destruida al lado de esa cama, tan patética y estúpida, porque habiendo tanta gente que lucha por vivir, ella luchaba por morir.
Tiró la navaja tan fuerte que hasta ella misma se asustó del sonido hecho, y dejó de llorar por un momento.
Ella quería morirse, quería morirse porque sentía que no tenía a nadie en esta vida. Se odiaba, odiaba sus pensamientos, sus palabras, sus canciones, su cuerpo, sus gustos, sus actitudes. Odiaba todo de ella. Sentía que había dejado de avanzar, que no servía para nada, que no tenía nada por hacer ni por vivir, pues ya todo estaba perdido. Curioso para una chica que quizás nunca tuvo las responsabilidades de un adulto, porque nunca llegó a serlo.
No tuvo tiempo para pensar, porque simplemente se quería morir. Simplemente estaba harta porque decía que ya estaba muerta por dentro, pero lo único cierto era que se moría día a día, pero seguía viva.
Recogió la navaja, y se cortó como nunca antes se había cortado. El primer corte fue lento, vio como poco a poco se iba abriendo la piel y se hacían puntitos rojos que poco a poco se iban formando en gotas que iban escurriendo por lo largo de su antebrazo.


Finalmente sentía el dolor, sentía la sangre correr por sus brazos y terminar en el suicidio, tal cual sus lágrimas, yaciendo en el suelo. Cortes profundos, cortes de dolor. Finalmente podría descansar en paz.
Y antes de debilitarse, abrió su pequeño cajón escondido, y sacó los somníferos que tenía guardados hacía ya medio año. Uno por uno, fue disfrutando de su sinsabor/sabor amargo, sin agua alguna.
Y entre la sangre y las pastillas, quince minutos después, finalmente, pudo cerrar los ojos y dormir...

lunes, 2 de enero de 2012

2012

Dos más dos son cuatro, y mes a mes se va el año. Un año más cerca al fin del  mundo, carajo, moriremos todos en menos de un año. Ay, por favor, ¿en serio se creen ese cuento? Bueno, yo lo creo a medias, pero ese no es el punto.


¿Cómo rayos he llegado sobreviviente y casi sin cicatrices al 2012? ¿Cómo es que después de todas las veces que me he matado, sigo viva? ¿Cómo es que después del mayor rompimiento de corazón, sigo amando? ¿Cómo es que después de la mayor desilusión divina, sigo amando a Dios? ¿Cómo es que después de tanto alcohol, hasta ahora no me he ido a la mierda? ¿Cómo es que después de tantos problemas, aún quiero luchar? Se llama fe, se llama confianza, se llama esperanza. Es esa cosquillita que se esconde en algún lado de mi alma, que me dice que siga adelante, que haga bien las cosas, porque después de todo, tarde o temprano, tendré alguna recompensa. 


Y no, no se trata de que haga las cosas bien por "querer algo", no es nada material. Es simplemente que sé que si sigo como estuve hace un par de meses, podría terminar yéndome completa y enteramente a la mierda. Y es algo que, honestamente, no estoy dispuesta a pasar.


 Ya no voy a hundirme más. Obviamente, eso no quiere decir que no tenga mis días solitaros, que no deje de sentirme sola y sin amor, aunque no sea así. Tampoco quiere decir que estaré diciendo que la vida es bella todos los días, porque, por favor, la vida sólo es bella por momentos. Pero, seré quién soy sin cometer errores garrafales, porque ya no estoy para esas vainas.


Vaya que este 2011 la he cagado, y a colores. Pero también me he enamorado, he aprendido y he luchado.
Aquí las mejores cosas del 2011:
  • La primera, como debe ser, es él. Él fue lo mejor de mi 2011, porque con él lo inicié y con él lo despedí, aunque en distintas maneras. Él me enseñó a amar, me enamoró, con él juré amor eterno, y sin duda, lo sigo jurando, aunque por ahora no haya más que amistad. Él fue el único hombre por el cual suspiré, lloré, reí, soñé, deseé y anhelé, durante unos largos 365 días. Ese chico de contextura media, poco más alto que yo, latino y de cabello largo, de la mirada fuerte y expresiva, de la voz sensual, de las melodías vivaces y melancólicas, de los misterios inacabables, de las pesadillas increíbles, de las manos suaves y cabello ondulado, de los jeans ajustados, de las palabras precisas y carcajadas escandalosas. Ese payaso, que ama a sus amigos y familia, y que lo dio todo por mí. Él fue lo mejor de mi 2011, porque aunque hoy no sea más que un gran amigo y compañero, le agradezco infinitamente el haberme enseñado lo que me enseñó, el haberme hecho sentir lo que sentí, y el haberme enamorado como me enamoró. Y honestamente, después de él, no busco a nadie más.
  • Luego viene el haber visto a Ximena, mi mejor amiga, dos veces en un mismo año. Ella la de las muecas infinitas, frases locas, personalidad original, ropa bonita y abrazos de oso. La que me acompañó durante casi 11 años, aquí y a la distancia. Sin duda Ximena es una de las mejores cosas del año, y de la vida.
  • Cam. Cam, Camilita, Camila. La colombiana que parece americana, una de las amigas que más me entiende aunque me conozca recién dos años. Una amiga incondicional que bien o mal siempre ha estado ahí. Su amistad es una de las cosas más hermosas del año.
  • Juliana, Julia, churrasco. Mi gemela mayor que yo, la que siempre me entiende cada cosa que hago y cada paso que doy, la que me putea y me dice las cosas sin pelos en la lengua. Con la que siempre quedamos en mandarnos cositas y al final nunca nos mandamos nada, pero igual nos amamos. Lo más lindo fue volver a hablar con ella como antes, a ser igual de amigas que antes. 
  • ¡Tetris! Mi nueva y primera banda de música. Donde conocí a Claudia, Angiela, Maria Claudia y Patricia, cuatro chicas completamente distintas unidas por una misma pasión: divertirse. Já, ¿pensaste que diría la música? Pues sí, un poco, también. Estas locas lograron sacarme de casa a tomar alcohol en cantidades innecesarias, a ir a discotecas que nunca pensé ir. Pero, por favor, resaltemos: LOGRARON SACARME DE CASA. Sí, yo la que odiaba ir de party y celebrar un fin de semana como si fuese fin de año.
    Cada una de ellas, a su manera, me ha invitado a creer más en la vida, en el futuro, en la música, en el arte, en luchar por lo que uno quiere. Me ayudaron a darme cuenta que divertirse  sí importa,  que si se puede vivir de la música, que no soy la única que deja de comer dos días seguidos, que jugar siempre es bueno, que una relación no puede destruir tu vida, y que tengo que pisar mejor las cuerdas de la guitarra y no irme de los tiempos. Putas todas, las quiero un montón, estoy feliz de haber llegado a Tetris, de haberlas conocido.
  • Mis amigos que más que amigos ya son hermanos. Gina, con la que me río todas las noches, con la que comparto secretos y puedo ser completamente honesta y decir qué tan bien huelen mis pies, o si tengo ganas de ir al baño. La que me consuela puteándome cuando lloro, y la que me hace reír a carcajadas. Diego, Diegui, mi hermani. El que siempre me dice "pero tranqui nomás", y que borracho este año nuevo me dio el mejor consejo del mundo: "encuéntrate a ti misma Flan, no importa cuán lejos sea el camino, vale la pena, de verdad". El niñoh de Nativo, mi hermanito que me cuida cuando estoy borracha, y me quiere acompañar a dormir a un parque a las 2 de la mañana sólo para que no me pase nada. 
  • Brenda, que llegó y la vi tres veces después de dos largos años. Que vino a endulzarme un poquito de los finales del año.
  • Las personas que marcaron mi año con consejos y risas. La mayoría los conocí en el 2011. Javier (mi amixer), Danixa, Biocore, Giuxz, Zam, Mafer, Gianco. Por ellos que me han visto llorar, me han escuchado lamentar, me han visto hablando tonterías y diciendo que he engordado. Son especiales en mi año.
  • A todas las personas que conocí hace poco, y se están ganando mi cariño. Esas que me hacen darme cuenta que ser sociable es bueno, y que nunca es tarde para conocer gente buena, porque todavía hay.
  • A mi mamá y mi papá, que este año se encargaron de hacer darme cuenta que tengo que valerme por mí misma, porque ellos son inconstantes. Que a pesar de su amor, ya estoy creciendo y tengo que comportarme como alguien de mi edad, que ya no tengo 10 años.
  • Esas personas que me hicieron renegar, reír. Esas que eliminé del Facebook, esas que mandé a la mierda. Esos imbéciles que gritan porquerías en las calles. Esos inbox estúpidos de gente sin autoestima que se pasa la vida insultando gente. Esas que me hicieron más fuerte, que me hicieron dejar de confiar tanto en la gente. Esas que me hacen mirar de reojo y con cautela antes de dar cualquier paso.
  • Dios. Que aunque mi fe nunca fue al 100%, siempre quise esté ahí. Que hoy me he dado cuenta que no me abandona, que me escucha y premia mis esfuerzos. Que sabe mis dolencias y mis pensamientos, que me conoce más que yo misma y sabe bien qué es lo mejor para mí en cada momento. Al cual le entregué lo que más quería en esta vida, al cual le he entregado toda mi vida, porque sé que Él jamás hará algo en contra mío.
    Muchas veces he ido en contra de él, como todos. Pero si algo he aprendido, es que mientras mejor quieras ser, mejor te va a ir. Dios. El incondicional Dios. Sin Él en mi vida mi año 2011 no hubiese sido nada.
  • A mi abuelo, papito, que aunque no esté en este mundo, me ha ayudado a sobrellevar muchísimas cosas. Me ha dejado las mejores lecciones de vida, me ha acompañado en mis llantos, me ha acompañado en mis risas. Ha cuidado de mí desde el Cielo, y ha cuidado de él, por mí. A mi abuela, mamita,  porque la amo y simplemente la amo, y ha tenido buena salud.
  • Y por último, pero no menos importante. A mí misma, porque aprendí que valgo mucho. Que con los miles de defectos que tengo, soy una buena persona en el fondo, que tengo mucho por madurar y por vivir, que tengo mucho por creer y por ver, pero que hasta donde estoy hoy, soy un gran ser humano. Aprendí a quererme para así poder querer a los demás. Un poco tarde, pero lo aprendí.
El año que ya se fue, como está escrito, YA SE FUE. No hay nada para traerlo de vuelta, no hay ningún lugar para volver a vivir momentos hermosos más que en mi mente. Y aunque he sufrido mucho, más han sido los momentos alegres que los momentos tristes, aunque no se note.
He cometido errores de los que me he arrepentido con la vida. Pero aquí estoy, con un nuevo año para intentarlo de nuevo. Para intentar ser un buen ser humano y algo más, para intentar ser buena hija (de mis padres y de Dios), para intentar ser buena novia así no tenga novio, para intentar ser buena amiga, para intentar amarme. ¿Intentar? Mejor reemplazemos intentar por hacer, y así va mejor la cosa.

El 2012 ya llegó, no sé si vayamos a morir todos este año. Lo único que sé, es que no tengo que esperar más para cambiar. El momento es ahora, es hoy. Debió serlo ayer, pero nunca es tarde para mejorar.
Adiós 2011, te voy a extrañar con mi vida. Hola 2012, espero que me sorprendas y puedas superar el año que pasó.

Y bueno, ya me voy a dormir siendo las 3 en punto de la madrugada. Tengo que seguir caminando, seguir andando con mis pies heridos y descalzos sobre un piso lleno de vidrio caliente.. Tengo que seguir luchando por lo que quiero, porque si no lo hago yo, me arrepentiré el resto de mi vida.


Seguiré caminando, pase lo que pase.
Y esta canción me acompañó durante toda la hora que me tomó escribir este post.